Guerras Medicas

Guerras Médicas: ¿democracia versus tiranía? El origen del mito de los bárbaros

El origen del mito griego está en las Guerras Médicas, donde frente al peligro persa descubrió su identidad.
El concepto de bárbaro ante todo servía para distinguirse a sí mismo frente al otro diferente. Bárbaro es aquel que balbuceaba, el que no se expresaba claramente en griego.
De modo que si seguimos los hilos tejidos por lo que la historiografía tradicional nos cuenta, esta guerra se presenta como la rivalidad entre la libertad griega y el despotismo asiático. Así es como se elabora la imagen de una colectividad helénica libre, donde los ciudadanos comparten los derechos políticos y en esto radica el motivo de la guerra: los derechos políticos son un bien precioso que mueve a los hombres a luchar para derrotar la tiranía. Mientras que por otro lado surge el contraste con el ejército de los tiranos, donde hay un déspota sanguinario e injusto que oprime a sus súbditos.
Sin embargo, esta concepción de interpretar la diversidad de pueblos y de cosmovisiones como inferioridad servía para justificar ideológicamente la esclavitud. A toda esa diversidad de pueblos se los englobaba bajo la caracterización de “bárbaros” para legitimar su inferioridad. Y como bajo esta mirada resultaban ser inferiores frente a la cultura helénica, solamente podían servir como esclavos. El filósofo Aristóteles decía que se trataba de seres que solamente podían subsistir si eran gobernados por un dueño.  
Pese a todo ello, este contraste entre la libertad griega y el despotismo asiático era en gran medida ilusorio. La imagen tópica de que la polis griega estaba habitada por ciudadanos libres que participaban colectivamente en el gobierno no es más que un espejismo que oculta el peso de la esclavitud, la marginación del campesino, la subordinación de las mujeres, así como la división entre ciudadanos ricos y pobres.
La democracia, por su parte, no era igualitaria. Era un privilegio de unos pocos con derechos políticos, quizás la décima parte de la población. Lo que debemos tener en cuenta al respecto es que las concepciones de “libertad” y de “democracia” para los griegos no eran las mismas que manejamos nosotros actualmente.
En el siglo IV este limitado “programa democrático” perdió vigencia ante las dificultades económicas que sumieron a Grecia en situaciones de crisis. Tuvieron dos opciones para elegir ante el grave enfrentamiento social que se avecinaba: la propuesta de Demóstenes (rehacer la unión de las ciudades estado nuevamente en torno a Atenas) o la tentación de unirse al imperio macedónico; participar de nuevas empresas militares, abrir nuevos mercados, enrolar a gran parte de la población en el ejército y así alivianar la tensión social. Eligieron someterse a Filipo y Alejandro de Macedonia, conquistando al Imperio Persa pero renunciando a su libertad y a su independencia. La democracia resultó ser destruida por la unión de las clases altas primero con Macedonia y luego con los romanos.

Lo que no hay que perder de vista es lo siguiente: el contraste griego – bárbaro sirvió y sirve para enmascarar una realidad de origen mestizo.

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