El Cristianismo

El cristianismo: surgimiento y evolución

Para comenzar debemos decir que entre el cristianismo original y el de Constantino hay una evolución que comprende al menos 3 etapas:

  1. La primera, la del “Jesús histórico”, se trata de uno de los movimientos religiosos de renovación que conmovieron la Palestina de comienzos de nuestra era. Un movimiento esencialmente campesino que se oponía a la ciudad: esto es tanto a la jerarquía religiosa del Templo, al proponer una relación directa y sin mediaciones del hombre con la divinidad; y por otro lado con la administración del Imperio.

  1. En la segunda etapa el cristianismo dejó la lengua aramea para expresarse en griego y pasó de la Palestina rural a las ciudades helenísticas. Esta transferencia implicó un cambio en sus adherentes, que ya no serian los pobres y marginados seguidores de Jesús, sino los ciudadanos acomodados que se unían a los grupos de Pablo, en que las mujeres tenían un papel destacado.

Se ha dicho que verdadero cristianismo incluía una gran variedad de voces, un extraordinario abanico de puntos de vista. En Egipto y en Siria encontramos una primera fase que convive con sectas judías, seguidas por otra de predominio del gnosticismo, en que la doctrina se impregna de rasgos del pensamiento oriental y del “paganismo” grecorromano.

  1. La tercera etapa es la de su asociación al poder político del Imperio, que lo transformó en un gobierno eclesiástico. Desaparece lo plural y lo comunitario. La cristiandad se ve a sí misma como una comunidad unitaria y jerarquizada que aspira a incluir a la totalidad de hombres y controlar la actividad de estos.

Junto a una mayor centralización política, una economía basada en la moneda de oro y una división de la sociedad entre los poseedores de riqueza y unos humillones cada vez más oprimidos, la Iglesia cristiana es reconocida como única y universal por parte del Estado, dotando al clero de riquezas y privilegios.
Esta alianza se entiende si se tiene en cuenta que entre la estructura social de las comunidades cristianas ya no predominaban los humildes, sino la población urbana del mundo grecorromano.
Así la iglesia se convirtió en el principal sostén de este Imperio venido a menos. En Occidente, donde la estructura imperial se hundió mucho antes, fue precisamente la Iglesia quien intentó restaurar el poder con la coronación de Carlomagno o “el papado imperial”, que llevaría a los pontífices a reunir en su persona el poder político y sacerdotal.
Por ende, con este nuevo orden no podían seguir conviviendo las diversas corrientes del cristianismo. Entonces, los disidentes habían de quedar marginados y podían, o debían, ser castigados. Algunos fieles optaron por soluciones individuales que no significaban un peligro para la iglesia jerárquica y que de hecho aceptó. Como es el caso de los anacoretas que marchaban al desierto para “retirarse del mundo”.
Ahora para controlar a la sociedad había que hacerlo mediante un cambio en los hábitos y costumbres. Había que crear un nuevo sentido del tiempo y de la historia. Sumado esto a una nueva concepción del espacio. Se pasa a un nuevo orden urbano, donde los templos se convertían en un elemento esencial de unas poblaciones de estructura irregular y crecimiento espontáneo. Había que modificar las normas de vida como por ejemplo la vida sexual, buscar un equilibrio entre la moral “pagana” y el ascetismo extremo. Se exhortó a los esposos a buscar sexo indispensablemente para la reproducción, sin buscar placer alguno.

A todo esto los disidentes se marchaban acosados por el clero que contaba con el apoyo del brazo armado del rey.

No hay comentarios:

Publicar un comentario